Dicen que la humanidad solo progresa gracias a los grandes avances: aquellos que, como la física electrónica, la ciencia embriónica o la medicina biónica, han permitido al hombre poner el pie en la Luna o cocinar seres humanos en la turbo-mix de modernos laboratorios y mejorar sus funciones vitales con componentes robóticos salidos de los fogones a las manos de las mentes más prodigiosas.

Quizás por ello, la humanidad, solo desprecia a los pequeños avances: aquellos que, como las lentes de contacto, el sistema de numeración indoarábigo o el lenguaje universal, no han supuesto más que adelantos considerados casi minúsculos y que simplemente han permitido al hombre ver con más claridad o hacer iguales cálculos y decir las mismas tonterías en cualquier parte del mundo.

Sin un lenguaje universal

Decía el aristócrata francés Hérault de Séchelles en su Teoría de la Ambición, de 1788, que hay, en las operaciones del intelecto, algo de fortuito para quienes piensan sin método; pero que para el que medita y no desprecia los pequeños avances, la inestabilidad del escenario y la mediocridad de los actores serán obstáculos menos abruptos.

Se piensa que lo más útil es lo inmediatamente práctico y no se consideran las ciencias con aplicaciones al espíritu, esas que realmente configuran al hombre. Dicen que resultamos más competitivos, pero cada vez somos menos humanistas. Por ello infravaloramos los pequeños avanceslos mismos que mejoran vidas y sin los cuales no habrían acabado las grandes obras de una humanidad que no repara en ellos.

Traten de multiplicar MDLXII x CXLI.Intenten vivir sin tener capacidad de ver el mundo o sin poder decir te quiero. Son los pequeños pasos los que hacen grandes avances. Yo, me quedo con ellos. Al fin y al cabo, nunca pisaré la Luna.