Las teorías de la cosificación y la disonancia cognitiva

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Siguiendo la línea de los dos últimos post, hoy voy a abordar el tema del comportamiento de los individuos en el seno de una organización cuando el logro y el poder se erigen como principales motivaciones humanas y sus homónimos en la dimensión del miedo, fracaso y pérdida de poder, condicionan todo lo demás.

La simbiosis entre motivación y miedo conduce a actitudes en el individuo marcadas por las ya mencionadas pérdida de personalidad y conformismo, la irritación, desorientación y la obediencia.

Varios son los afamados estudios que guardan relación directa con lo expuesto, pero los más interesantes son:

‘EL EXPERIMENTO DE STANLEY MILGRAM’

Después de que Adolf Eichmann fuera condenado a muerte en por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi, surgió la pregunta: ¿es posible que Eichmann y su millón de cómplices sólo siguieran órdenes?

Se demandaron voluntarios para un experimento de memoria y aprendizaje que requería de tres personas: el investigador, el ‘maestro’ y el ‘alumno’, que era cómplice del experimento, por lo que cuando se sorteaban los papeles el voluntario siempre acababa siendo maestro.

Separado por un módulo de vidrio del maestro, el alumno era atado a una especie de silla eléctrica y conectado a un conjunto de electrodos y se le daba una descarga de 45 voltios al maestro con el fin de que comprobase la sensación desagradable y dolorosa. El maestro  debía enseñarle al alumno pares de palabras y, en caso de que éste fallase al recordar, pulsaría un botón que produciría una descarga, las cuales irían creciendo en intensidad desde los 15 iniciales hasta 450 voltios.

Por lo general llegados los 75 voltios el maestro se ponía nervioso y quería parar, pero la autoridad del investigador le hacia continuar. Al los 135  los participantes se preguntaban cual era el propósito del experimento. Algunos se eximían de posibles responsabilidades con los posibles daños ocasionados al alumno; otros reían de forma nerviosa al oír los gritos de dolor del alumno.

Pues bien, el 65% de los participantes aplicaron la descarga máxima de 450 voltios. Aunque parasen, ningún participante se negó a realizar el experimento antes de los 300 voltios, donde el alumno dejaba de dar muestras de señales de vida.

(Recomiendo la visión de estos dos fragmentos de la película ‘I comme Icare’, donde se reproduce con detalle psicológico dicho experimento)

‘EL EXPERIMENTO DE LA CÁRCEL DE STANFORD’

Llevado a cabo en 1971 por Philip Zimbardo, se reclutaron 24 voluntarios que fueron divididos aleatoriamente para desempeñar los roles de guardias y prisioneros en una prisión ficticia (con condicionantes tales como la no violencia, no causar excesivos miedos, etc.).

El experimento se descontroló rápidamente. La corrupción de los guardias por el poder de su papel y por el soporte institucional para desempeñarlo y que les diferenciaba de sus compañeros provocó que los prisioneros sufrieran (y aceptaran) un tratamiento sádico y humillante a manos de los guardias, y muchos terminaran mostrando graves trastornos emocionales. La experiencia, que llegó a corromper al propio Zimbardo, tuvo que ser cancelada en la primera semana.

Se ven claramente en ambos casos patrones similares y acentuados que pueden responder a dos teorías principalmente:  la Teoría de la cosificación’, que explica la obediencia según que la persona se ve como un simple instrumento que realiza los deseos de otra y, por lo tanto, no se considera responsable de sus actos, y la ‘Teoría de la disonancia cognitiva’, que hace referencia a la tensión interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto o un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Obviamente, se pueden relacionar todos estos comportamientos y situaciones con la ya comentada ‘Teoría del Conformismo’ en la que, al no poseer ni la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, tomamos decisiones con respecto al grupo y su jerarquía.

Creo que en nuestra sociedad el omnipresente MIEDO A LA SUPERVIVENCIA se camufla en el miedo a no tener lo suficiente y el miedo a no ser o no valer lo suficiente. Esto demostraría que la impresionabilidad y la obediencia de la gente cuando se les proporcionan una ideología legitimadora y el apoyo institucional determinan los roles sociales impuestos en la conducta.

Ante una disonancia de manera muy apreciable la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna. Esto es, cambia de actitud o de ideas ante la realidad. Es decir, con el poder de elegir en sus manos, una persona en el seno de una organización o un grupo de trabajo, incluso ante una tarea de responsabilidad que tenga influencias sobre otros miembros de la compañía, elegirá entre ser o aparentar; su comportamiento o el del grupo.

Desgraciadamente, como los psicópatas adaptados al entorno parecen abundar y el  “efecto del enemigo común”, esto es, motivar a las personas apoyen en conjunto una causa que promueve un líder (político, social, empresarial, etc.) es denominador común en todas las organizaciones, Adolf Eichmann constituye solo uno más entre los millones de zombies controlados por grandes supermentes que viven en seres privilegiados que les privan de su inocencia y bondad.

Eso o que estos miedos, más mentales que reales, son mayores en quien menos opciones tiene y hacen muy buenas migas con la estupidez humana. Supongo que esto, al menos, explicaría aquello del ‘sueño americano’.


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Motivaciones humanas y relaciones tóxicas

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Del CRM a la gestión del conocimiento y de dicha tela de araña a la psicología social. Esta es una de las múltiples vías para toparse de lleno con el interminable mundo que encierra este término.

Al aventurarnos en el estudio de la organización intraempresarial, de los sistemas de gestión de cada compañía o de su comportamiento ante el universo de información que maneja chocamos contra la gran barrera que forma el conocimiento. Pero, ¿qué es conocimiento? ¿Existe el conocimiento verdadero? ¿Acaso es realmente el know-how conocimiento? ¿Y la experiencia? ¿Es la experiencia realmente know-how? Si aceptamos que el conocimiento solo es tal cuando no es estático… ¿es realmente sabio el que acumula conocimientos? ¿Transformar datos en información otorga sabiduría? ¿Son las TIC fuente de la auténtica sabiduría?

Tratando de arrojar luz sobre estas cuestiones, evitando la relatividad infinita (al igual que infinita es la estupidez humana), y analizando el comportamiento  del conjunto de individuos en sus diferentes niveles del “conocimiento” y la actitud frente a su problemática social es cuando aparece aquello de da título a este post.

Las personas adoptamos una forma de organización social con el fin de resolver más eficazmente nuestros problemas de subsistencia (aunque no tengamos conocimientos tácitos de como hacerlo) y para ordenar nuestra convivencia. En este contexto el ambiente que nos rodea nos influye fuertemente; sin embargo, el poder del hombre de rebelarse frente a lo establecido  demuestra que posee la capacidad de discernimiento desde un punto de referencia interno.

En este contexto las motivaciones humanas juegan un papel fundamental en la organización social; no tanto por ellas mismas si no por los miedos que las condicionan. Así surgen de manera continuada las relaciones tóxicas, aquellas que nos hacen infelices, que nos frustran, que nos engañan, que nos utilizan para sus propios fines y que se aprovechan de nuestras debilidades

A modo de ejemplo, el pertenecer a una empresa con la que no se concuerde éticamente, no suponga una situación laboral satisfactoria o no se establezca un vínculo identificativo,permite apreciar como la motivación humana del logro tiembla ante la posibilidad de mutar en fracaso, la del poder se ve mermada y paralizada y la afiliación sucumbe ante el miedo al rechazo social, lo que conlleva una pérdida de personalidad casi absoluta en el seno de la organización.

El problema para deshacerse de estas relaciones tóxicas es que las víctimas no quieren ver todos los males que les acarrea ese vínculo, una relación que les distorsiona la percepción en virtud de una atracción de la cual no se pueden apartar.

Parece ser entonces que los viejos hábitos o las características de nuestra personalidad ya no funcionan o no son relevantes y somos vulnerables a las fuerzas de la situación, tales como la dinámica de grupos para conformarnos, la dilución de la responsabilidad de nuestros actos, la deshumanización de otros, los sentimientos de anonimato y pérdida de necesidad de rendir cuentas, entre otros. Podemos entonces hacer cosas que nunca hubiésemos imaginado que pudiéramos hacer sin las influencias sociales de ese momento y lugar. Pero todo esto se queda en mera teoría siempre que seamos sensibles al peor temor de todos, al más omnipresente  y condicionante en los individuos, ese que la psicología social llama MIEDO AL CAMBIO.

Un pequeño extracto de la película When Nietzsche Wept (se aprecia un buen diálogo sobre las motivaciones humanas)

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