Roles y estatus sociales

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Según el concepto de categorización social, las personas organizamos nuestro medio diferenciando a quienes se nos parecen de quienes no, agrupándonos así con los que reúnen ciertas características y apartándonos de los individuos con los que no nos identificamos. Sin embargo, y curiosamente, tendemos a ignorar ciertas diferencias entre objetos individuales si estos son equivalentes para ciertos propósitos y ciertas similitudes si estos son irrelevantes en relación con nuestras intenciones, creencias, o sentimientos.

Lo más llamativo de este proceso es la manera en la que adquirimos este conjunto de cualidades. Y es que ya podemos esforzarnos en labrarnos una personalidad propia, mejorar día a día o, simplemente, ser nosotros mismos, será inevitable encontrarse con tres fuerzas superiores concebidas y canalizadas, como no, por ‘LOS DEMÁS’: los estereotipos, los prejuicios y los juicios de opinión. Todos ellos presentan una clara e inequívoca relación con otros dos conceptos: el rol y estatus sociales.

Si consideramos nuestra posición en un grupo como nuestro lugar en el sistema, el rol asociado consiste en nuestra conducta esperada, siendo el status la valoración o prestigio que los demás miembros conceden a esta posición. Con lo cual, desempeñar un rol supone comportarse según unas pautas determinadas  establecidas socialmente y esto conlleva que establezcamos relaciones con los demás de forma relativamente predecible. Así se nos será atribuida una valoración y una imagen social que conforma nuestro estatus y nos sitúan, de este modo carente de intimismo, en un determinado lugar del que se extraen nuestras características esenciales y parten nuestras relaciones intergrupales.

Nos encontramos así con elementos diferenciadores como el trabajo y tareas que realizamos y nuestra competencia en su desarrollo, el poder sobre el grupo y el ‘contador’ de valoraciones positivas, o la riqueza, el conocimiento y experiencia, nuestra religión, el grado de implicación en la actividad social y nuestras características físicas en el enfoque más personal. Triste, ¿verdad?.

Lo interesante del estatus individual, es que se configura en base al estima que nos tiene un grupo; al prestigio, categoría y admiración  con que somos percibidos y evaluados por las personas, es decir, no depende de lo que uno cree ser o realmente es o hace sino de los juicios de opinión que los demás realizan.

De todos los roles sociales se espera una forma de comportamiento cuya falta de cumplimiento produce desorganización y trastornos. Las expectativas de la sociedad sobre algunos grupos, dan forma a imágenes sociales de las personas que comparten las mismas características de ese grupo e influyen negativamente en el rendimiento de los que conocen su teórica pertenencia a un colectivo sobre el que la sociedad en que vive tiene expectativas superiores a las que el propio individuo posee, fenómeno denominado por los psicólogos “la amenaza del estereotipo”.

Si a todo esto le unimos el continuo nacer de prejuicios cuando se amenaza el estatus social de un grupo o ser (o por la mera inseguridad de habilidades y conocimientos personales) y la imposibilidad de desempeñar un rol de manera satisfactoria y feliz sin haber sido socializado (osease, educado e instruido a tales efectos… ¿sociedad orwelliana?) para aceptarlo como digno y apropiado, nos encontramos en una situación de conflicto cuando esas características no coinciden con la motivación individual, además de una cohibición, evaluación y estrés social que no permiten a la persona desarrollar todo su potencial humano, alcanzar su plenitud espiritual, sentirse realizado en su trabajo o disfrutar con firme entereza de la enorme amplitud de la vida… elijan.

Eso, al menos, si no renunciamos a las necesidades del ego y tenemos unas motivaciones humanas firmes,  sucumbimos a los miedos que éstas portan inherentemente o cultivamos relaciones tóxicas; campañas bien sencillas cuando se forma parte de una sociedad competitiva y deshumanizada, casi animal, como la actual.

Pero no se crean exentos de culpa, ya que en este mismo fenómeno para todos los demás, ‘LOS DEMÁS’, somos NOSOTROS.


La ópera no acaba hasta que canta la gorda (II)

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Sonido de percusión a modo de campana y anuncio, acto seguido, de la reanudación de la obra. Momento de apurar la copa de cava, abandonar los elegantes salones del Real y dirigirse al asiento. Fundido de luces. Música. Telón arriba. Segundo acto. Acomódense porque parece ser que esta obra, que bien podría ser ya una trilogía, va para largo.

Aparecen dos nuevos actores en escena: Keychest y Ultraviolet. Enfrentados por un mismo fin, parecen destinados, o no, a emprender una lucha por el dominio de una tierra de pasado tenebroso, futuro incierto y gobierno débil: el mundo de la distribución de contenidos. Se librará una guerra en una línea diferente pero secante a la de formatos (HD DVD vs Blue Ray) que pretende establecer el estándar de uso.

Ultraviolet es el sistema lanzado por el consorcio de empresas tecnológicas y audiovisuales denominado DECE (Digital Entertainment Content Ecosystem) y que cuenta con los apoyos principales: en cuanto a contenido de Sony, Fox, Paramount, NBC-Universal y Warner, y en cuanto al aspecto tecnológico de IBM, Samsung, Sony, Microsoft, Motorola. Philips y Panasonic, entre muchos otros.

Con este sistema cada vez que compremos contenido (por ejemplo, una película) a través de cualquier medio (tiendas online, tablets u ordenadores) se registra con un código único a nuestra cuenta y tendremos licencia perpetua para verlo desde cualquier medio que tengamos asociado a nuestra cuenta (hasta 12, por aquello de la piratería) y a través de la red. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, requerirá de nuevos formatos de vídeo y aplicaciones en todos los sistemas en los que se quiera dar soporte. Se ha dicho que este sistema supone una “vuelta de tuerca” al sistema anticopia conocido como DRM.

Keychest es la apuesta estratégica independiente de la industria Disney y que cuenta con el apoyo de Apple, Google y Amazon, un mercado amplio y muy interesante, sin duda. Sin embargo, este tipo de esquemas dependen para su éxito de los partners que se consiga unir al ejército y DECE, lejos del rol de varítono, reclama el papel de tenor protagonista en esta obra.

Su funcionamiento consiste en crear un vínculo entre tiendas de contenidos, lo que permite, acceder al contenido comprado en cualquiera de estas tiendas y con los medios actuales para acceder a ella. El keychest es un código que, en principio, no tiene límite de uso y que se activará automáticamente vía internet y permitirá la visión en cualquier lugar mediante cualquier dispositivo que soporte iTunes, Google o Amazon. No requiere ningún nuevo sistema, por lo que utiliza las actuales infraestructuras y formatos con DRM de cada proveedor. Además presenta la ventaja de vcambiar de proveedor si alguno sufre problemas técnicos, opción con la que no cuenta Ultraviolet.

Parece que este acto se presenta emocionante, con voces amplias y poderosas que lucirse en arias vibrantes. Pero, como en la adaptación operística de The turn of the screw (otra vuelta de tuerca), de Benjamin Britten, asistimos con asombro a un baile de personajes vivos y luminosos con otros más misteriosos y oscuros que conviven, todos ellos, con espectros presentes y fantasmas del pasado. Y es que, con tantas vueltas a la tuerca y tanta tuerca dando vueltas, el espectador no puede perder detalle, mientras se deleita con las voces y piezas musicales, de todo lo que ocurre si pretende encontrar el auténtico significado y devenir del libreto. Así, no queda exenta de misterio y sombras la trama que envuelve a estos nuevos personajes para un consumidor que encuentra dudas que dilucidar:

  • ¿SE REPETIRÁ EL CASO DIVx? Ya saben, el famoso Digital Video Express de pago por visionado igual  a estos que se transformo en el formato de compresión de vídeo de elección, una vez que fracasó comercialmente.
  • Los distribuidores y servidores deberán agilizarse y ser más consistentes para prestar un servicio de calidad y evitar la pérdida de datos.
  • ¿Qué velocidad de conexión se necesitará para un disfrute óptimo? Ni la banda ancha ni, mucho menos, la fibra óptica están tan difundidas como se cree. Además… ¡no funciona sin internet!
  • ¿Cómo hará Ultraviolet para superar las diferencias técnicas de sus numerosos miembros?
  • Habrá que definir nuevas formas y soluciones para la propiedad intelectual y los sistemas de licencias.
  • ¿Se podrán hacer copias físicas o modificar los formatos de reproducción de los contenidos adquiridos?
  • ¿Podremos usar estos sistemas de reproducción junto con películas antiguas o piratas? (esto parece especialmente importante con Ultraviolet, donde los piratas se pueden ver muy perseguidos)
  • Aunque se anuncien como compatibles, la existencia de plataformas cerradas para los contenidos de cada consorcio ya implican incompatibilidad.
  • Con un coste de distribución cercano a cero… ¿qué precio se impondrá? ¿Cual estamos dispuestos a pagar?

¿Y aquellos personajes que sobrevivieron al primer acto? El victorioso Blue Ray alcanzó en Estados Unidos durante el 2010 unos ingresos de 2.300 millones de dólares, lo que supone un aumento del orden del 53%. Mientras tanto, el DVD tradicional, cuyos ingresos habían disminuido en un 17% en 2009, protagizó un descenso del 16% durante el 2010 en el mercado norteamericano. Pese a esto recaudó más de 8.000 millones de dólares, cifra que, sumada a la del rayo azul, demuestra que al consumidor parece seguirle gustando el cine que puede ‘tocar’.

No obstante, como ocurre en la obra de Britten, Blue Ray, en el papel del niño Miles, parece condenado desde el principio a no sobrevivir mucho tiempo. La intención patente del nuevo sistema de visionado de contenidos, que podría representar el ánima del sirviente Quint, de acabar con el dvd físico para meternos de lleno en la flexibilidad del mundo digital no hace más que acelerar el trágico, y previsto, final del infante protagonista que, perturbado por el fantasma , morirá.

Momento de la ópera ‘The turn of the screw’. En escena los personajes de Quint y Miles

Pero no se preocupen; todo esto solo ocurrirá de momento allí donde transcurren los filmes en los que corre peligro el futuro devenir de la tierra, es decir, en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, sin haber fecha para el resto de la humanidad.

En España seguiremos con nuestro efectivo modelo de trabas y escasa inversión en tecnología, lo cual representa una vía eficaz para el desarrollo, y de cánones, leyes sindes y prohibiciones relacionadas con el disfrute de contenidos que proponen nuestros grandes políticos y mejores pensadores. Vayan a saber si no nos termina saliendo más caro o nos da por vetar la entrada a estos libertinos insolidarios…

Habrá que seguir atentos el devenir de la obra. Intenten no perder detalle si pretenden encontrarle sentido al desenlace; porque les advierto que en el final de ‘Otra vuelta de tuerca’ no canta ninguna gorda.

El arraigo

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Muchas veces le comento a mis amigos que no me siento unido a Madrid, que mi arraigo está en León. Otras veces he experimentado un sentimiento de bienestar similar mientras me perdía en el cielo de Londres desde las tumbonas de Hyde Park.  Entonces… ¿qué es el arraigo?

Cuando dejamos nuestras casas, familias, amigos y hábitos por una vida independiente, una experiancia laboral o por causas de fuerza mayor evidenciamos esta cuestión: echamos de menos lo que ya no tenemos o no podemos hacer. ¿Este anhelo es arraigo o mera morriña?

Hyde Park

Es normal extrañar las costumbres, lo conocido; pero supongo que el verdadero arraigo conlleva una tendencia a la práctica o conocimiento  además de costumbres, ritos o elementos culturales propios del lugar que sentimos como nuestro. No sé como se puede medir esto, pero me resulta curioso que en España se realice un examen de arraigo para obtener la nacionalidad en el que los inmigrantes se encuentren ante un juez que les pregunta por la receta de la tortilla de patata, los poetas de la posguerra o actividades socioculturales de su ciudad y evalúen además: 1.El trabajo. 2. Si la persona está afiliada a la Seguridad Social. 3. Si sus hijos están escolarizados y van al médico cuando enferman. 4. Si dispone de abono de transporte (lo que supuestamente demuestra que se mueve) y 5. Si tiene tiene el piso asegurado a terceros. En fin, si yo me enfrentara a este infalible sistema de evaluación mis sentimientos de arraigo me ‘quedarían’ para septiembre.

El sentir como propia otra tierra distinta a la de nuestro nacimiento es algo común que ha dado lugar al tradicional “uno no es de donde nace, si no de donde pace“. Antiguamente no quedaba otra para el que se iba, pero hoy en día los transportes y medios de comunicación nos permiten ir y volver, conocer otras culturas, países y formas de vida. Esto, a su vez, provoca que no ‘residamos’, no ‘conozcamos’ ni nuestra ciudad ni el pueblo de al lado y que nos asomamos al balcón para mirar al cielo o saludar a nuestros vecinos. Puede que de tanto viajar los jóvenes nos sintamos tan bohemios, tan internacionales, que necesitemos cambiar constantemente de ciudad, de casa, de gentes. Quizás entonces ese ser ciudadanos del mundo nos lleve a no tener arraigo… o a poseer uno global. Quizás tengamos desapego de determinadas ciudades por una necesidad incesante de libertad, de amplitud interior o, como buenos españoles, de sentirnos miembros de un país diferente al nuestro. Quizás simplemente llega un momento en nuestras vidas en que necesitemos volver a empezar en o otro lugar o que queramos eludir responsabilidades y compromisos o necesitemos aferrarnos a algo o alguien allá donde esté. Quizás la globalización, la eliminación de fronteras y el mestizaje mengüen esta sensanción y la conviertan en un concepto arcaico. Quizás eso del arraigo ya no existe; quizás cada uno ya no es ni de donde nace ni de donde pace.

En mi caso, viva en Madrid, pazca en Londres o viaje por el mundo, solo experimento una sensación de pertenencia, unión y fuerte conexión personal cuando ‘estoy en casa’ y un no poder olvidar cuando estoy lejos. Lo paradojico es que en ocasiones, fuera de España, lo olvido. Llámenlo arraigo. Llámenlo X.

La ópera no acaba hasta que canta la gorda (I)

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Aunque lo daba por terminado hace unas semanas, llevo varios días dándole vueltas a como enfocar esta entrada que cerrará el ciclo que ha tenido como fondo, en mayor o menor medida, el tema de los sistemas informativos de gestión. Había decidido enfocar desde esta perspectiva la famosa lucha del DVD acontecida entre Toshiba y Sony pero no conseguía darle congruencia con lo que hasta hoy ha sido el blog. Anoche, al comentárselo a una compañera, me regaló aquello tan escuchado de “por muy diferentes que parezcamos, todos somos actores de una misma obra”. Osease, otra de esas frases que no le dicen más que nada a una persona que siempre se sitúa en el plano metafísico del pensamiento y que lo único que quiere es escribir un post.

Ni el discurso de ‘Astolfo Hynkel’ podría haber sido más espoleante. ¿Qué representa la lucha de estas compañías niponas sino la representación de la gran obra cuyos elementos he ido introduciendo desde hace unos meses?

Sin apenas centrarme en aspectos teóricos o técnicos ni en razonamientos metafísicos (pues ya los he desarrollado) la guerra entre el HD-DVD y el Blue-Ray Disc ha recorrido un largo camino en los que han destacado cuestiones aquí tratadas.

Si en su día el salto de calidad entre el VHS y el DVD fue espectacular, demandado y necesario hoy se quiere decapitar al rey y coronar al siguiente sin haber transparencia en los motivos reales. Pero claro, las grandes marcas deben crear o impulsar la aceptación de nuevas necesidades para seguir vendiendo. No es de neoludita acusar a fabricantes de televisores, reproductores y las grandes productoras de video de negociazo comercializando nevos aparatos con precios abusivos, pantallas planas cada vez más grandes y de mayor calidad con grandísimos márgenes así como cables y adaptadores que serán necesarios  o vendiendo de nuevo todo el catálogo de cine en el nuevo sistema digital de alta calidad.

Esta actitud si aparece en los que han alzado la voz (curiosamente más los de dentro de las industrias del conglomerado tecnológico) en contra del momento de cambios que vivimos en el que la red es cada vez más veloz y por la que cada día es más facil descargar cualquier tipo de contenido, en la que emergen los discos duros de gran capacidad con reproductor incorporado permiten ver ese contenido descargado de manera muy cómoda en cualquier televisor o los que se aferran a formatos de visionado de cine de manera tradicional.

Y no hablo de que algunos prefiramos ver y oír a Nina Stemme con piezas escritas hace siglos por Wagner antes que ver a Milla Jovovich en películas futuristas o de increíbles efectos especiales dirigidas por Steven Spielberg; hablo de que la pregunta que tocaría hacerse en este punto y que nadie parece plantearse es:  ¿es lo que pide el público o nos está siendo impuesto? ¿Es Blue-Ray el futuro? ¿Hay una diferencia perceptible y real?

No somos entonces más que parte de esa ciudadanía pasiva a la que aludí en su día resultado de la ‘Sociedad de la información’ y de esa apabullante y diversa cantidad de elementos e instrumentos de información, su irradiación y velocidad apenas digerible. Si ser humano y tecnología es el binomio para salir de esta situación habría que ver hasta qué punto es racional o racionalizadora la situación que se trata.

Desde el lado de la oferta resulta imposible no eludir a la antológica batalla entre JVC y su VHS y la propia Sony con Betamax por el imperio del vídeo. Los primeros vídeos que se vendieron eran Betamax, y se puede decir que Sony tuvo durante una corta época el 100% del mercado. Además técnicamente el Betamax de los 70 y 80 era superior al VHS, que se dearrolló como mecanismo de respuesta al formato analógico de Sony. Se podrá decir que la menor duración de las cintas Betamax o el menor precio del VHS fueron factores clave, pero creo que deberíamos señalar que cuestiones tales como que había más fabricantes apoyando el mismo formato, que le gustara más a la gente (efecto red), etc. unidas a ese mágico factor de mercado incontrolable de la “suerte” resultó una combinación letal. Es curioso como la misma estructura se repite entre ganador y perdedor en el terreno del DVD.

Aparte de esto, el HD-DVD utiliza una tecnología muy similar al DVD, con lo que las mismas fábricas podrían adaptarse para producir este soporte con muy pocos cambios. Su implantación supondría muchos menos costes, tanto para los fabricantes como para los usuarios. Sin embargo al ser un formato similar al DVD el problema de la piratería no se solucionaría ya que prácticamente con las mismas maquinarias se podrían realizar copias ilegales. El Blue-Ray sin embargo es absolutamente diferente desde el lado tecnológico, con lo que para fabricarlos se precisa de maquinaria nueva y para verlos se precisaría de nuevos reproductores. A corto plazo el problema de la piratería se solucionaría ya que toda la tecnología es nueva (incorpora 5 sistemas anticopia).

Tenemos a dos empresas que han empleado todas sus armas para tratar de dominar un mercado que mueve cada año 25.000 millones de dólares. Una de ellas ya había recibido un duro palo al perder una guerra similar, la otra tenía esa misma guerra para observar, analizar y preveer cada movimiento de la partida.

Lo primero que acontece es el fracaso de las dos compañías de ponserse de acuerdo sobre un formato estándar común, dejando así al mercado el poder de decantarse por uno y otro como definitivo. Es decir, repetir lo ocurrido con el vídeo. A lo poco racionalizador de esto se le une que Sony y Toshiba habían suscrito alianzas con los mayores fabricantes de equipos electrónicos y de productores de contenidos de la industria audiovisual mundial a precios altísimos. Por si fuera poco, aquí aparece la industria cinematográfica que decide eregirse juez absoluto y dejar al mercado como jurado popular en el que poder delegar o achacar la decisón final en caso de conflicto (esto se vió con el baile de la Warner de un lado para otro según calentaba el sol). Esto es comprensible si tenemos en cuenta que los estudios de cine reciben 80 centavos por cada dólar ingresado en la venta de DVD, en tanto que las entradas en taquilla le aportan solo 50 centavos por cada dólar. Las japonesas habían perdido el control de la situación.

Con todos los actores sobre el escenario a viva voz y la orquesta hilvanando cientos de notas parece que la sed de revancha podía más a Sony que el sentido común para racionalizar las decisiones que tomaba. Tomó la batuta como el mismísimo Herbert von Karajan y logró armonizar las guerras en precios, las luchas por cada alianza o las grandes campañas de publicidad con la ansiedad y necesidad de salir airosa que la compañía tenía. Victoria.

Desde el lado de la demanda, no hay que olvidar que se trata de formatos prácticamente incompatibles tanto entre ellos como con los sistemas tradicionales, que requieren de reproductores propios y carísimos, cuestan un 20% más que los DVDs tradicionales y poseen, eso sí, mayor capacidad.

Si contamos los relativamente bajos precios de los discos y la facilidad de uso por parte de cualquier individuo con un ordenador convencional para grabar y/o reproducir se hace difícil pensar que la gente este dispuesta a pagar tantísimo más por tan poco valor añadido. Además un gran disco duro externo con reproductor propio y conexión al televisor cuesta una cuarta parte de lo que cuesta actualmete un reproductor de Blue-Ray. Aunque también es difícil racionar todo este asunto de manera global cuando a la gente no le importa demasiado la calidad de audio o video sino que lo que solo desea tener la última pelicula aún proyectada en cines recién grabada con una cámara que se mueve, pésima calidad de imagen, sonido de lata y gente tosiendo, riendo o levantándose al servicio.

Si sumamos el precio de las películas descargadas más el de una conexión ADSL resulta que por el precio de una película Blue Ray un individuo tiene de media 40 películas nuevas al mes. Eso sí, la calidad es infinitamente inferior. Por lo tanto, la pregunta a formularse es: ¿Será suficiente la diferencia de calidad para vender reproductores y discos Blue Ray a estos precios? El mes pasado convivieron dos óperas de Richard Wagner en Madrid; en uno de los lugares la butaca en zona A costaba 150 o 200€, en el otro 20€. En el primero no hubo billetes en todo el mes, en el segundo no hubo aforo en sus cuatro semanas. La diferencia de calidad entre el Teatro Real, una soprano como Anja Kampe o la dirección musical de Jesús López Cobos y una representación menos elegante o talentosa contestan a esta pregunta.

Se aprecia como la serendipia, ya presente en la batalla del vídeo, cobra una importancia vital en la del DVD. Además viene de la mano con el ‘dilema del pirata’, por un lado ante la dificultad que para el colectivo representa la copia del Blue-Ray y por otro ante la posibilidad de que sea alcance o no aquel Wow! que reduzcan sus actividades.

Hay que resaltar el impecable papel que ha tenido el personaje secundario: la logística (englobando el conjunto de las TIC y soluciones de e-commerce y e-business en el sistema SCM). Si Toshiba ha seguido empleando de la misma forma sus sistema logístico que tan buenos frutos le ha dado gracias a la eficaz gestión de pedidos electrónicos y coordinación de las cadenas de valor de los cinco continentes, Sony vió claro que para ganar esta batalla debía implementar las funciones de su SCM.

Así, Toshiba canalizó su negocio de manera conjunta mediante sus habituales e-Community y la gestión interna con As2, pero la incorporación de este negocio que requería de mucha flexibilidad y coordinación en todos los niveles supuso situaciones iniciales con dificultades de negocio, procesos ineficaces y aumento de los costes de lanzamiento. Sin embargo, Sony siguió mejorando la eficiencia de su cadena de valor integrando procesos de negocio complejos y compartiendo la información de forma eficaz con todas las unidades comerciales del grupo Sony y su comunidad global de clientes, proveedores y transportistas para el proyecto Blue-Ray. Las interacciones entre empresas en tiempo real y con lotes de archivos heredados, creando una base dinámica y completa para que estas empresas automaticen y gestionen los procesos de e-business, incluidos los procesos interactivos humanos,  y la capacidad de la plataforma para ofrecer una cadena de suministro adaptable y flexible capaz de enfrentarse a cualquier cambio en el mercado han resultado muy relevantes durante los años de lucha.

El sistema de Sony permite la integración de una serie de procesos internos y externos mediante una arquitectura basada en estándares proporciona una solución dinámica y rentable que permite a sus clientes obtener elevados retornos de la inversión.


Otras relaciones más intuitivas entre temas tratados y aspectos vistos en la guerra por el nuevo estándar de DVD de alta definición podrían ser:

– La repetición de errores, la falta de claridad y el no aprovechamiento de oportunidades de manera óptima muestra una falta clara de una correcta gestión del conocimiento. No sólo hay que saberse el guión, hay que saber interpretarlo.

– Ambas compañías han transmitido un miedo enorme al fracaso y a la pérdida de poder, así como el miedo a la supervivencia. Las grandes inversiones realizadas para desarrollar sus formatos, las claras consecuencias demoledoras para el perdedor y la posibilidad de Sony de repetir batacazo han caracterizado a las dos empresas en cuanto a su comporamiento social dentro de la industria. Que la voz le tiemble a los protagonistas es una señal de inseguridad en sus productos que se transmite al público de forma directa.

– La industria no ha dudado en mostrar el miedo al cambio que supone el nuevo formato.  Empresas de todos los sectores han titubeado o no se han decidido aún. Este miedo también se ve en el consumidor final, que no tiene nada claro el cambio de su reproductor convencional al nuevo. Y es que los cambios en obras con cientos de años a sus espaldas no resultan fáciles ni son aceptados en muchos casos.

– Todos los personajes de la obra han mostrado un grado de conformidad con el grupo asombroso. Cuando los grandes se han declinado por un formato y el rayo azul ha ido encontrando más apoyos el resto (empresas, distribuidores, consumidores, etc.) lo han aceptado como lo natural y han apostado por lo mismo.

Pero ojo, por si fuera poco todo lo visto, de algunos de los aspectos vistos se pueden añadir aún más razones para pensar en un futuro no-éxito del formato Blue-Ray:

– Las guerras de formatos no venden reproductores sino los contenidos

– Ni HD DVD ni Blue-Ray son grandes avances tecnológicos, y lo que agilizó la adopción de los CDs de audio o del DVD fue la comodidad del formato en cuanto a facilidad de acceso, tamaño y durabilidad y no tanto la tecnología empleada.

– El 95% de los lectores de Blue-Ray en la actualidad son los integrados en las consolas Playstation 3 (jugar no es igual a ver películas)

– La necesidad de televisores especiales, cables adaptadores, conexiones determinadas y circuitos específicos puede quemar al consumidor (el que acabe de cambiar la televisión por tener TDT no creo que muestre el mínimo interés en tener una de 1800 líneas para ver películas en Blue-Ray)

– Escaso mercado de los early-adopters (miedos)

– Las ventas no despegan y los precios de los reproductores están cayendo de manera obligada

Por todo esto, habrá que esperar a ver si en esta obra hay más de un asiático caído como ocurre en la famosa Turandot, de Wagner. Y es que, como se suele decir, la ópera no acaba hasta que canta la gorda.

Deborah Voigt

Las teorías de la cosificación y la disonancia cognitiva

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Siguiendo la línea de los dos últimos post, hoy voy a abordar el tema del comportamiento de los individuos en el seno de una organización cuando el logro y el poder se erigen como principales motivaciones humanas y sus homónimos en la dimensión del miedo, fracaso y pérdida de poder, condicionan todo lo demás.

La simbiosis entre motivación y miedo conduce a actitudes en el individuo marcadas por las ya mencionadas pérdida de personalidad y conformismo, la irritación, desorientación y la obediencia.

Varios son los afamados estudios que guardan relación directa con lo expuesto, pero los más interesantes son:

‘EL EXPERIMENTO DE STANLEY MILGRAM’

Después de que Adolf Eichmann fuera condenado a muerte en por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi, surgió la pregunta: ¿es posible que Eichmann y su millón de cómplices sólo siguieran órdenes?

Se demandaron voluntarios para un experimento de memoria y aprendizaje que requería de tres personas: el investigador, el ‘maestro’ y el ‘alumno’, que era cómplice del experimento, por lo que cuando se sorteaban los papeles el voluntario siempre acababa siendo maestro.

Separado por un módulo de vidrio del maestro, el alumno era atado a una especie de silla eléctrica y conectado a un conjunto de electrodos y se le daba una descarga de 45 voltios al maestro con el fin de que comprobase la sensación desagradable y dolorosa. El maestro  debía enseñarle al alumno pares de palabras y, en caso de que éste fallase al recordar, pulsaría un botón que produciría una descarga, las cuales irían creciendo en intensidad desde los 15 iniciales hasta 450 voltios.

Por lo general llegados los 75 voltios el maestro se ponía nervioso y quería parar, pero la autoridad del investigador le hacia continuar. Al los 135  los participantes se preguntaban cual era el propósito del experimento. Algunos se eximían de posibles responsabilidades con los posibles daños ocasionados al alumno; otros reían de forma nerviosa al oír los gritos de dolor del alumno.

Pues bien, el 65% de los participantes aplicaron la descarga máxima de 450 voltios. Aunque parasen, ningún participante se negó a realizar el experimento antes de los 300 voltios, donde el alumno dejaba de dar muestras de señales de vida.

(Recomiendo la visión de estos dos fragmentos de la película ‘I comme Icare’, donde se reproduce con detalle psicológico dicho experimento)

‘EL EXPERIMENTO DE LA CÁRCEL DE STANFORD’

Llevado a cabo en 1971 por Philip Zimbardo, se reclutaron 24 voluntarios que fueron divididos aleatoriamente para desempeñar los roles de guardias y prisioneros en una prisión ficticia (con condicionantes tales como la no violencia, no causar excesivos miedos, etc.).

El experimento se descontroló rápidamente. La corrupción de los guardias por el poder de su papel y por el soporte institucional para desempeñarlo y que les diferenciaba de sus compañeros provocó que los prisioneros sufrieran (y aceptaran) un tratamiento sádico y humillante a manos de los guardias, y muchos terminaran mostrando graves trastornos emocionales. La experiencia, que llegó a corromper al propio Zimbardo, tuvo que ser cancelada en la primera semana.

Se ven claramente en ambos casos patrones similares y acentuados que pueden responder a dos teorías principalmente:  la Teoría de la cosificación’, que explica la obediencia según que la persona se ve como un simple instrumento que realiza los deseos de otra y, por lo tanto, no se considera responsable de sus actos, y la ‘Teoría de la disonancia cognitiva’, que hace referencia a la tensión interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto o un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Obviamente, se pueden relacionar todos estos comportamientos y situaciones con la ya comentada ‘Teoría del Conformismo’ en la que, al no poseer ni la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, tomamos decisiones con respecto al grupo y su jerarquía.

Creo que en nuestra sociedad el omnipresente MIEDO A LA SUPERVIVENCIA se camufla en el miedo a no tener lo suficiente y el miedo a no ser o no valer lo suficiente. Esto demostraría que la impresionabilidad y la obediencia de la gente cuando se les proporcionan una ideología legitimadora y el apoyo institucional determinan los roles sociales impuestos en la conducta.

Ante una disonancia de manera muy apreciable la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna. Esto es, cambia de actitud o de ideas ante la realidad. Es decir, con el poder de elegir en sus manos, una persona en el seno de una organización o un grupo de trabajo, incluso ante una tarea de responsabilidad que tenga influencias sobre otros miembros de la compañía, elegirá entre ser o aparentar; su comportamiento o el del grupo.

Desgraciadamente, como los psicópatas adaptados al entorno parecen abundar y el  “efecto del enemigo común”, esto es, motivar a las personas apoyen en conjunto una causa que promueve un líder (político, social, empresarial, etc.) es denominador común en todas las organizaciones, Adolf Eichmann constituye solo uno más entre los millones de zombies controlados por grandes supermentes que viven en seres privilegiados que les privan de su inocencia y bondad.

Eso o que estos miedos, más mentales que reales, son mayores en quien menos opciones tiene y hacen muy buenas migas con la estupidez humana. Supongo que esto, al menos, explicaría aquello del ‘sueño americano’.


Los experimentos de la conformidad con el grupo

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Hace unos días hablaba de psicología social y del universo que se esconde tras dicho término. Resulta difícil plantearse el éxito en la dirección o coordinación de una organización, la gestión del conocimiento o el empleo de los sistemas informativos de gestión de forma óptima, coherente e integradora con el conjunto de individuos sin que los responsables de ello cuenten con los conocimientos adecuados en materia sociológica y psicológica. Precisamente por esto creo que es interesante profundizar en algunos aspectos de esta psicología relacionados directamente con alguna de estas materias.

Un concepto de suma relevancia que aparece en los análisis de esta temática es de la conformidad, que no es más que el grado hasta el cual los miembros de un grupo social cambiarán su comportamiento, opiniones y actitudes para encajar con las opiniones del grupo. Aquí el individuo sobrepone este sentimiento con el deseo de afiliación y el miedo al rechazo, y las consecuencias que de ambas situaciones se deriven, que forman parte de las ya mencionadas motivaciones humanas.

El ejemplos más representativo de todo esto es el del “Experimento de conformidad con el grupo” de Salomón Ash de 1951. El objetivo era estudiar las condiciones que inducen a los individuos a permanecer independientes o a someterse a las presiones de grupo cuando estas son contrarias a la realidad, estudiar el comportamiento del sujeto frente al comportamiento del resto del grupo.

Se formaba un grupo de entre 7 y 9 participantes, de los que uno constituía el sujeto de estudio mientras que el resto eran cómplices del experimento, a los que, sentados en una clase, se les mostraba una serie de líneas y su tarea era diferenciar la longitud de las mismas y comparar las que eran presentadas con la línea original. Los cómplices respondían errónamente antes de que, en último lugar, tuviese que responder el sujeto de estudio.

Pues bien, a pesar de reconocer perfectamente la opción correcta, el 33% de los individuos se conformó con la opinión de la mayoría  aunque las líneas en comparación llegasen a diferenciarse en varios centímetros. Además, era más probable que el sujeto diera una respuesta influenciada si el resto daba una opinión unánime.

Caso famoso también es el del “Experimento del punto luminoso” llevado a cabo por Muzafer Sherif en 1935 y que medía hasta que punto un participante, al pedírsele que resolviera un problema, compararía y adaptaría su respuesta a la del grupo, lo que se denomina influencia social informacional ya que el individuo recurre a miembros del grupo para obtener información sobre una situación ambigua (situación que tanto los mecanismos informales de coordinación como las TIC pretenden resolver)

Consistía en la proyeccción de un punto luminoso en una sala oscura a la que, en primer lugar, los miembros del grupo accedían individualmente, y más tarde lo hacíann en grupos reducidos. Cada individuo por separado veía el punto a una distancia concreta, mientras que al consensuar con el resto del grupo, la opinión se normalizaba y se homegeneizaba entre todos los participantes. Se observa entonces que la opinión personal de los participantes se adaptaba a las opiniones generales del grupo.

De todo esto se puede deducir, centrándonos en nuestro objeto de interés, que un grupo puede influenciar a sus miembros por medio de procesos subconscientes o a través de una manifiesta presión de pares sobre los individuos. El cumplimiento de las normas en el seno de una organización no es sino conformidad como resultado de una orden directa, una influencia social normativa, así como que la conformidad que procede de la convicción total y absoluta en los propios actos será motivo de internalización por parte de los componentes.

Difícil será entonces mantener la objetividad e imparcialidad a la hora de ejercer la autoridad directiva o establecer una visión global de una compañía para la implantación óptima de mecanismos de coordinación o intrumentos para la gestión informativa que involucre a todos los miembros de la misma si el tamaño del grupo, la unaminidad, la cohesión y estatus social, el compromiso previo y la opinión pública determinan el grado de desempeño laboral y de conformidad que el individuo reflejará hacia dicho grupo, su integración con dichos mecanismos y sistemas tecnológicos,  y, por lo tanto, con la empresa de la que forma parte.

Motivaciones humanas y relaciones tóxicas

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Del CRM a la gestión del conocimiento y de dicha tela de araña a la psicología social. Esta es una de las múltiples vías para toparse de lleno con el interminable mundo que encierra este término.

Al aventurarnos en el estudio de la organización intraempresarial, de los sistemas de gestión de cada compañía o de su comportamiento ante el universo de información que maneja chocamos contra la gran barrera que forma el conocimiento. Pero, ¿qué es conocimiento? ¿Existe el conocimiento verdadero? ¿Acaso es realmente el know-how conocimiento? ¿Y la experiencia? ¿Es la experiencia realmente know-how? Si aceptamos que el conocimiento solo es tal cuando no es estático… ¿es realmente sabio el que acumula conocimientos? ¿Transformar datos en información otorga sabiduría? ¿Son las TIC fuente de la auténtica sabiduría?

Tratando de arrojar luz sobre estas cuestiones, evitando la relatividad infinita (al igual que infinita es la estupidez humana), y analizando el comportamiento  del conjunto de individuos en sus diferentes niveles del “conocimiento” y la actitud frente a su problemática social es cuando aparece aquello de da título a este post.

Las personas adoptamos una forma de organización social con el fin de resolver más eficazmente nuestros problemas de subsistencia (aunque no tengamos conocimientos tácitos de como hacerlo) y para ordenar nuestra convivencia. En este contexto el ambiente que nos rodea nos influye fuertemente; sin embargo, el poder del hombre de rebelarse frente a lo establecido  demuestra que posee la capacidad de discernimiento desde un punto de referencia interno.

En este contexto las motivaciones humanas juegan un papel fundamental en la organización social; no tanto por ellas mismas si no por los miedos que las condicionan. Así surgen de manera continuada las relaciones tóxicas, aquellas que nos hacen infelices, que nos frustran, que nos engañan, que nos utilizan para sus propios fines y que se aprovechan de nuestras debilidades

A modo de ejemplo, el pertenecer a una empresa con la que no se concuerde éticamente, no suponga una situación laboral satisfactoria o no se establezca un vínculo identificativo,permite apreciar como la motivación humana del logro tiembla ante la posibilidad de mutar en fracaso, la del poder se ve mermada y paralizada y la afiliación sucumbe ante el miedo al rechazo social, lo que conlleva una pérdida de personalidad casi absoluta en el seno de la organización.

El problema para deshacerse de estas relaciones tóxicas es que las víctimas no quieren ver todos los males que les acarrea ese vínculo, una relación que les distorsiona la percepción en virtud de una atracción de la cual no se pueden apartar.

Parece ser entonces que los viejos hábitos o las características de nuestra personalidad ya no funcionan o no son relevantes y somos vulnerables a las fuerzas de la situación, tales como la dinámica de grupos para conformarnos, la dilución de la responsabilidad de nuestros actos, la deshumanización de otros, los sentimientos de anonimato y pérdida de necesidad de rendir cuentas, entre otros. Podemos entonces hacer cosas que nunca hubiésemos imaginado que pudiéramos hacer sin las influencias sociales de ese momento y lugar. Pero todo esto se queda en mera teoría siempre que seamos sensibles al peor temor de todos, al más omnipresente  y condicionante en los individuos, ese que la psicología social llama MIEDO AL CAMBIO.

Un pequeño extracto de la película When Nietzsche Wept (se aprecia un buen diálogo sobre las motivaciones humanas)

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