Una creencia que parece constante en nuestra sociedad es la de aceptar que para cada problema del ser humano existe una sola respuesta completamente válida, por lo que las demás han de rechazarse como erróivaneas. Esto, sin embargo, está en contraposición con la máxima de que la consecución de alguno de los ideales humanos que configuran las grandes aspiraciones de los grupos de individuos no es obstáculo para materializar las demás.

Si así fuese ,aquello de Libertad, Igualdad y Fraternidad hubiese desembocado en una bella realidad social en lugar de la tumultuosa aventura francesa en la que la injusticia social y una paradójica y terrorífica dictadura fueron precio de la libertad, la igualdad teórica se convirtió en desigualdad práctica vía coacción, espionaje e intromisión absoluta del Estado y la fraternidad una mera quimera empleada transitoriamente bajo bandera tricolor contra una causa negativa común.

Quizás el caso más ejemplificador de la historia conlleva plantearse la dualidad positivo-negativa que los ideales humanos presentan en el plano dimensional de lo mental, espiritual y social.

De este aspecto, en cuanto a Libertad se refiere, ya habló en 1958 el pensador Isaiah Berlin. Argumentaba que ésta se liga estrechamente a la coerción en cuanto que a menor autoridad ejercida sobra nuestra conducta y, por lo tanto, mayor autonomía de nuestras propias motivaciones sin interferencia de voluntades ajenas y aplicando nuestros propios criterios, más libres somos. Este concepto individualista ligado al desarrollo intelectual y de la capacidad creativa configuraría la LIBERTAD NEGATIVA. Esto es, yo soy libre negativamente hasta el punto de que disfruto de una capacidad de elección sin impedimento ni coerción.

Un enfoque más social que individual, que no busca limitar la autoridad si no ejercerla y que se apoya en la teoría de que la posibilidad que tiene cada individuo de decidir su destino está supeditado en buena medida a causas sociales ajenas a su voluntad conformaría la LIBERTAD POSITIVA. A menores diferencias entre individuos, a igualdad de oportunidades, más libertades en clave social. Conceptos como solidaridad, responsabilidad social y justicia se nutren de este concepto. Osease, yo soy positivamente libre en la medida en que consigo el autodominio, lo que sugiere un hombre dividido y contrapuesto a sí mismo.

El principal problema es la evidente alergía que amba libertades se proclaman. Si vivimos en sociedad nos encontramos aent la imposibilidad de que los propósitos y actividades de los hombres armonicen entre sí y esto hace necesario establecer una serie de normas comunes que limiten nuestra libertad trazando la difícil frontera entre el ámbito de la vida privada y el de la autoridad pública. Normas autoritarias como cerco a la libertad plena.

Es curioso como las personas hemos aceptado nuestro sino en esta materia como cláusula implícita en el contrato laboral de la vida y luego tratamos de engañarnos en el único espacio de nuestra libertad que no nos pueden quitar y que no es otro que el que se aloja en la propia mente y nos permite proyectar nuestras ideas, reflexionar y discernir en pos de pasar a la acción (o no) fruto de una decisión que, brotando de este lugar, configure un escenario de inicio realmente libre.

Basarnos por ejemplo en el determinismo y tomar como cierto que la libertad de acción está determinada por decisiones que a su vez están totalmente determinadas por causas antecedentes (pues las decisiones y experiencias previas marcan la pauta en este campo), nos obligaría a reconstruir desde la base nuestra concepción de la realidad. O en un enfoque en el que los grados de libertad estuviesen en función de la satisfacción de los deseos y necesidades en el cual podríamos aumentar la libertad de una manera efectiva tanto eliminando éstos como satisfaciéndolos, para ser libres solo deberíamos condicionarnos para olvidar los deseos originarios que decidimos no satisfacer; podríamos borrar la frustración vía eliminación de deseos y sueños que residían en nuestro yo ideal y que pretendíamos alcanzar haciendo uso de una plena (e inexistente) libertad.

Esta manera de autocomplacernos mediante la ceguera espiritual y amputacón de las partes de nuestro yo más profundo para sentirnos en un estado de colocón autonómico donde somos minimamente libres y dueños de nuestras vidas se completa con el análisis al más puro estilo econométrico que empleamos incluyendo todas las variables que forman parte de este conjunto de deseos, experiencias, factores externos, etc. que irrumpen en nuestro ideal de libertad. El principal error de regirlo todo mediante leyes causales y probabilidades será que cuanto mayor sea el número de variables a incluir que seamos capaces de discernir más abrumadora será la tarea de deducir cualquier consecuencia y peso en la ecuación de cada una de ellas. Además, cada consecuencia reafectará al conjunto del todo en el que se incluiría el resto de la incontable totalidad de las cosas y acontecimientos que nos rodeen hasta alcanzar el colapso mental. En consecuencia, cuanto más completo sea nuestro conocimiento de los hechos y de sus conexiones más difícil será concebir alternativas y más fija parecerá la estructura de nuestra sociedad y menos libres los actos que acomentamos. Queríamos controlar un puñado de variables y ahora es el conjunto de ellas el que nos domina. El incompleto inexplicable. Inquietud. Infelicidad.

Con todo esto no queda otra que añadir ‘libertad real y plena’ al saco de las utopías, aunque nos creamos dueños de, al menos, parte de ella. La SOCIEDAD LIBRE que definía Van Parijs  como aquella cuyos miembros son “todos realmente libres” y en la que existe alguna estructura de derechos bien defendida donde cada persona es propietaria de sí misma y tiene la mayor oportunidad posible para hacer cualquier cosa que pudiera querer hacer no es si no un inconcebible en el mundo actual; una idea más cercana al sistema capitalista o a modelos de gestión política que a la propia vida del ser humano. Era previsible; al fin y al cabo, somos parte de una confabulación de cosas más amplia de lo que jamás podremos entender.

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