Del CRM a la gestión del conocimiento y de dicha tela de araña a la psicología social. Esta es una de las múltiples vías para toparse de lleno con el interminable mundo que encierra este término.

Al aventurarnos en el estudio de la organización intraempresarial, de los sistemas de gestión de cada compañía o de su comportamiento ante el universo de información que maneja chocamos contra la gran barrera que forma el conocimiento. Pero, ¿qué es conocimiento? ¿Existe el conocimiento verdadero? ¿Acaso es realmente el know-how conocimiento? ¿Y la experiencia? ¿Es la experiencia realmente know-how? Si aceptamos que el conocimiento solo es tal cuando no es estático… ¿es realmente sabio el que acumula conocimientos? ¿Transformar datos en información otorga sabiduría? ¿Son las TIC fuente de la auténtica sabiduría?

Tratando de arrojar luz sobre estas cuestiones, evitando la relatividad infinita (al igual que infinita es la estupidez humana), y analizando el comportamiento  del conjunto de individuos en sus diferentes niveles del “conocimiento” y la actitud frente a su problemática social es cuando aparece aquello de da título a este post.

Las personas adoptamos una forma de organización social con el fin de resolver más eficazmente nuestros problemas de subsistencia (aunque no tengamos conocimientos tácitos de como hacerlo) y para ordenar nuestra convivencia. En este contexto el ambiente que nos rodea nos influye fuertemente; sin embargo, el poder del hombre de rebelarse frente a lo establecido  demuestra que posee la capacidad de discernimiento desde un punto de referencia interno.

En este contexto las motivaciones humanas juegan un papel fundamental en la organización social; no tanto por ellas mismas si no por los miedos que las condicionan. Así surgen de manera continuada las relaciones tóxicas, aquellas que nos hacen infelices, que nos frustran, que nos engañan, que nos utilizan para sus propios fines y que se aprovechan de nuestras debilidades

A modo de ejemplo, el pertenecer a una empresa con la que no se concuerde éticamente, no suponga una situación laboral satisfactoria o no se establezca un vínculo identificativo,permite apreciar como la motivación humana del logro tiembla ante la posibilidad de mutar en fracaso, la del poder se ve mermada y paralizada y la afiliación sucumbe ante el miedo al rechazo social, lo que conlleva una pérdida de personalidad casi absoluta en el seno de la organización.

El problema para deshacerse de estas relaciones tóxicas es que las víctimas no quieren ver todos los males que les acarrea ese vínculo, una relación que les distorsiona la percepción en virtud de una atracción de la cual no se pueden apartar.

Parece ser entonces que los viejos hábitos o las características de nuestra personalidad ya no funcionan o no son relevantes y somos vulnerables a las fuerzas de la situación, tales como la dinámica de grupos para conformarnos, la dilución de la responsabilidad de nuestros actos, la deshumanización de otros, los sentimientos de anonimato y pérdida de necesidad de rendir cuentas, entre otros. Podemos entonces hacer cosas que nunca hubiésemos imaginado que pudiéramos hacer sin las influencias sociales de ese momento y lugar. Pero todo esto se queda en mera teoría siempre que seamos sensibles al peor temor de todos, al más omnipresente  y condicionante en los individuos, ese que la psicología social llama MIEDO AL CAMBIO.

Un pequeño extracto de la película When Nietzsche Wept (se aprecia un buen diálogo sobre las motivaciones humanas)

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